• Un brindis por los viejos tiempos (3-0)

    UD Las Palmas

    28-01-2018 17:43:21

    Era el Atlético de Simeone. Era el Atlético de Juanfran. De Giménez. De Godín. De Gabi. De Koke. Era el Atlético de Fernando Torres. Era un Atlético herido, un Atlético que lo estaba pasando mal. Era un Atlético que venía de un trago amargo y que por momentos parecía predestinado a otro. Pero no, esta vez no. Porque el de la vieja guardia ha sido el mejor Atlético de la historia y sigue siendo un Atlético orgulloso. Un Atlético que se levanta cada vez que se cae. Un Atlético que viviendo día a día, partido a partido, se ha ganado la eternidad. Un Atlético al que, por cierto, se falta al respeto desde fuera y desde dentro. Un Atlético conmovedor.

    Así que cuando Juanfran gritó hasta aquí hemos llegado, mediado ya el segundo acto, sobre Las Palmas se vinieron once furias dispuestas a todo. El 20, tantas veces vilipendiado, no hay paciencia ni memoria, recuperó una pelota por su carril y la sirvió profunda para Griezmann, que por momentos pareció perder la ventaja que llevaba en carrera, pero que sacó una picada como recurso para vencer por fin el marco de Chichizola y para que el Metropolitano se viniera abajo como pocas veces se ha venido hasta ahora. Abierta la lata, era cuestión de decidir qué hacer con ella.

    Y, a diferencia de otras veces, el Atlético decidió meter la cuchara hasta el fondo. Primero la tuvo Carrasco, al que le faltaron visión periférica y un remate ajustado. Después la tuvo Griezmann otra vez, pero su vaselina se fue al palo. Ahí, justo ahí, el personal temió lo peor: ya se sabe lo que venía pasando cuando el Atlético prescindía del segundo. Era, sin embargo, cuestión de persistir. De resistir. De no dar un paso atrás. Y así entre el francés y Correa terminaron habilitando al Niño para que la incrustara de una vez y para que la grada dejara en una broma lo que había pasado apenas diez minutos antes.

    El resto corrió a beneficio de inventario, pero a última hora y a la contra aún llegó otro de Thomas, que, aunque se nos escape el motivo, debe tener una cuenta personal con Las Palmas. El equipo amarillo se había limitado a bajar la cabeza ante un chaparrón, el rojiblanco, que además de tres puntos llevaba consigo una suerte de reivindicación. Ni siquiera puede escribirse que hasta el 1-0 el partido resultara especialmente malo, más bien habitual. El problema es que, con el de Koke en excedencia, hay poquísimo talento para desequilibrar. Así que toca hacer de la necesidad virtud.

    La tarde había arrancado torcida desde la perspectiva local. No es lo mismo, por cierto, estomacal que estomagante. Para el caso lo primero es el tipo de molestia que según la versión ofrecida a última hora impidió alinear a Gameiro. Para el caso lo segundo es la sensación que, temporada y media después, deja el delantero francés en buena parte del personal rojiblanco. El cuerpo nos falla cuando menos lo esperamos... y a veces cuando más nos necesitan. Sin Costa tocaba Kevin... pero sin Kevin tocó Torres. La curiosa cuesta de enero rojiblanca devolvía a Fernando al once.

    Las Palmas no anda para debates sobre el estilo. Tiempo habrá. La mejor ocasión de la primera parte la fabricó tras saque de esquina rival, léase a la contra. Toledo recorrió el césped desbocado y se la puso a Jairo para la definición. Suena extraño, pero fue Correa el que apagó ese fuego. Apareciendo desde atrás con la velocidad que demandaba la jugada y que alguno de sus compañeros ya no puede exhibir. El equipo de Jémez lo tenía claro: si había que retrasar, retrasaba; si había que rascar, rascaba; si había que demorar un saque, lo demoraba... hasta que pasó lo que pasó.

    Y lo que pasó fue el gol de Griezmann. El francés, conviene dejarlo claro, no puede a la vez retrasarse para la creación y adelantarse para la resolución. Tampoco parece que, por momentos, le apetezca demasiado, pero cuando aparece, eso sí, resulta diferente: a la picada y la vaselina conviene añadir el tacón, con el que aún en el primer acto sacó uno de los remates del campeonato hasta ahora, también a servicio de Juanfran, aunque ése se le marchó a la escuadra. Al equipo del Cholo, por entonces, le faltaba o sobraba un centímetro. Hasta que la precisión se adueñó del Metropolitano con Juanfran al aparato. El Atlético de siempre hizo un brindis por los viejos tiempos.